Buenos días,

Los elementos fundamentales del día se centran en las declaraciones de Macron, presidente de Francia, que busca transformar la economía de su país mediante un presupuesto nacional que rebajará los impuestos e impulsará el gasto público. Cómo lo conseguirá a corto plazo es un misterio porque la UE tiene claras normas de control del déficit público, pero el reto es interesante porque la reducción de impuestos, si se hace bien, es un factor de estímulo económico que al final aporta más ingresos al Estado por la vía indirecta del consumo y el ahorro, que crecen. Hoy poco puedo decir del mayor factor de inestabilidad de los mercados, ese personaje llamado Donald J. Trump, porque sus últimas declaraciones se han ocupado de si mismo, de lo grande, inteligente y brillante que es y de hacerle la pascua a los que están en contra de que su candidato para el Tribunal Supremo consiga la aprobación de los legisladores. Si acaso, su suave comentario de ayer al primer ministro de Japón en la cena que le organizó en la Torre Trump, indicándole que EEUU ha hecho tanto por ayudar a Japón que sería bueno ver una relación más recíproca. La suavidad en el tono es una cualidad de la que Trump carece abiertamente, así que o estaba dormido y alguien le escribió el tweet, o se le fue la olla hacia la diplomacia que tanto le repugna.

En cuanto a los mercados en bruto, hay crecientes comentarios de expertos sobre su creciente sensibilidad a un a corrección dados sus altos niveles, pero el caso es que el dinero continúa entrando, aunque en Europa se resiste la cosa algo más que en EEUU o en Asia. La situación para estar contenida en los países emergentes estos días, pero el estado de salud en macroeconomía no se toma cada hora sino a muy largo plazo y ese examen sigue saliendo negativo, aunque en la hora haya una recuperación sobre la medida de la hora anterior. En mi opinión, la corrección llegará más adelante, no antes del cierre del año, cuando el escenario nos aporte inflaciones crecientes en un entorno inundado por la deuda, que se está desbordando. Pero mientras los canales la contengan y el espíritu especulativo continúe, el optimismo cubrirá el futuro inmediato.

Habrá acuerdo comercial con China y con Japón e incluso con Canadá antes o después del fin de año, un acuerdo que mejorará ligeramente las condiciones actuales para EEUU pero que Trump venderá como el Acuerdo del Milenio, la Madre de Todos los Acuerdos, ensamblado por el Magnífico, Omnipotente, Iridiscente y Reflectante Trump (seguro que estos dos últimos calificativos se le escaparían en uno de sus tweets si no lo controlan los suyos). En Europa, llegaremos a un acuerdo de Brexit negociado en el que por primera vez en mucho tiempo los británicos tendrán que tragar con un tratado que no sea un 100% a casi 100% lo que quieren, porque la otra parte tiene la sartén por el mango, en esta ocasión, o al menos lo puede sostener más frecuentemente que ellos. Y resulto el Brexit, con Macron impulsando la economía francesa y Merkel contemporizando en su gobierno de coalición, Europa se meterá a intentar enfocar el grave problema de la inmigración y el creciente antieuropeísmo de algunos países con gobiernos populistas. Estos dos temas tiene mucha enjundia y poco terreno común para un encuentro, así que seguirán enquistados largo tiempo, con soluciones coyunturales muy parciales y de corto recorrido.

Por lo demás, el dólar se está reforzando contra sus pares, movimiento que tiene visos de acelerarse en el resto de la semana aunque como hay gustos para todo aquí, algún experto (y de los buenos) ha vaticinado que romperemos la cota de 1,1850 en poco tiempo con el EURUSD. En este momento estamos en 1,17,42. Mi opinión, que no es la de ningún experto, pero sí la de un paciente observador de los movimientos de los mercados, es que podríamos buscar 1,1700 después de rebotar un poco esta semana e incluso bajar a niveles de entre 1,16 y 1,17, siempre que Trump deje tranquilos a los mercados. Así me cubro de que no haga el dólar lo que yo creo, porque seguro que Trump entra en la tienda y se pone a romper otro cacharro.

En las criptomonedas a un día de euforia alcista le sigue otro de derrumbe y hoy el ganador del premio es el XRRP de Ripple, que se ha desplomado un 21,28%, su mayor pérdida desde el 16 de enero pasado. Lo que no suele decirse con la noticia es que en la última semana su valor había aumentado un 75%, por lo que esta caída viene esencialmente de la venta en ganancia de muchos especuladores a corto plazo. Las demás monedas virtuales recogen pérdidas por simpatía, siendo la mayor entre las relevantes la del Ethereum, un 8,50% ahora. Bitcoin está cotizando en 6.471 dólares, bajando un 3,38%.

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